Los de Chile

Almagro acuerda con Pizarro la exploración hacia el sur, hacia Chile, pero Atacama les hace desistir. Más tarde, cuando los incas se rinden, Pedro de Valdivia prepara otra expedición hacia el sur dispuesto a cruzar el desierto y conquistar un territorio al que los indios llamaban Chile. Para esta conquista Valdivia contaba con ciento diez hombres y una mujer, Inés Suárez.

Valdivia tuvo que firmar un compromiso con Pero Sancho de Hoz para compartir el territorio conquistado. Sancho intenta asesinarle sin éxito. Cuando por fin cruzan Atacama comienan a ser hostigados por los nativos.

Al poco tiempo fundan Santiago de Nueva Extremo y un barco viene acon provisiones. Un pequeño grupo tiene que defender Santiago de un asedio de miles de indios durante largos días.

Una vez consolidada su posición, Valdivia parte con un pequeño ejército al a conquista del sur.

Valdivia se vale de un ardid para hacerse con el oro de sus compañeros y enviarlo a Perú.

Amigos de Sancho de la Hoz acusan a Valdivia de traición a la corona. Valdivia tiene que volver a Perú para defenderse. Afortunadamente puede demostrar su inocencia y regresa a Chile con nuevos refuerzos.

Al poco tiempo de volver, Valdivia contacta con la ciudad transalpina de Barco.

Valdivia muere luchando contra los nativos en Tucapel y estos devoran su cuerpo mientras él está todavía vivo.

Las Piratas

Las olas golpearon la quilla medio expuesta y el barco quedó atascado en el barro. Los mástiles crujieron en sus carlingas y la quilla rechinó como un puerco al que están a punto de degollar. Velas, palos y cordaje volaron sobre sus cabezas ahogando los gritos de angustia de los marineros.

Arrancada del mástil, la verga mayor cayó sobre cubierta en medio de una confusión de brazas enmarañadas. Varios metros de borda se hicieron astillas con su peso. Tras la verga cayó una lluvia de motornes partidos y jarcias rotas azotando el entablado alrededor del puente.

El palo mayor se dobló hacia la proa como un arbolito recien plantado y los obenques se tensaron hasta el punto de rotura.

Read, horrorizado, se dio cuenta que no aguantarían la presión. Los cabos estaban enredados, las velas rasgadas y los obenques destrozados.

Las cubiertas se veían sembradas de vigotas partidas, manojos de estopa para calafatear, cabos de jarcia troceada, tinas de brea y cubos de pez para los obenques.

La noche era negra y tenebrosa.