La conquista del Amazonas

La tempestad les sobrevino con la caracter√≠stica rapidez que lo hac√≠a en el tr√≥pico. Unas nubes negras comenzaron a reunirse sobre las balsas a media tarde, cuando la isla de Pongal todav√≠a se distingu√≠a vagamente detr√°s de ellos. De repente, un terror√≠fico rel√°mpago fue precedido de un prolongado trueno que pareci√≥ desgarrar las entra√Īas de la tierra. Como si se hubiera tratado de una se√Īal, pareci√≥ que los cielos se abr√≠an, y una cortina de agua comenz√≥ a caer sobre las balsas. Ca√≠a a chorros m√°s que a gotas. Era como si se hubieran abierto las compuertas de alg√ļn lago celestial y las aguas cayeran directamente sobre ellos. Grandes olas abr√≠an enormes abismos l√≠quidos que, sin embargo, las balsas remontaban con facilidad. A diferencia de los barcos que penetraban en la ola, las almad√≠as sub√≠an y bajaban sin resistencia alguna, por lo que, a no ser que sus maderos se desatasen, no corr√≠an ning√ļn peligro de hundirse.